¿Cuándo son un problema los celos y la desconfianza en la pareja? Cuando se convierten en conductas que limitan al otro: prohibirle ver a sus amigos, vigilar a dónde va o pedirle cuentas de cada mensaje. La Organización Mundial de la Salud incluye las conductas de control dentro de la violencia de pareja, así que esa línea importa.
Celos y desconfianza en la pareja: el problema empieza con la conducta
Sentir celos en un momento dado es una emoción, y una emoción se puede poner en palabras. Lo que pesa en la relación es lo que haces con ella. Cuando dejas de hablarlo y empiezas a vigilar, tu desconfianza empieza a limitar a tu pareja.
Hazte estas preguntas con honestidad, sin buscar etiquetarte:
- ¿Revisas su celular o le pides sus contraseñas para quedarte tranquilo?
- ¿Le exiges que te reporte dónde está a cada rato?
- ¿Te molesta o le prohíbes que vea a sus amigos o a su familia?
- ¿Cualquier retraso termina en una acusación de infidelidad?
Si varias respuestas son sí, vale la pena mirarlo con calma. Estas preguntas te sirven para ubicar si la desconfianza ya pasó de lo que sientes a lo que haces.
El control forma parte de la violencia de pareja según la OMS
La OMS, en su nota descriptiva sobre violencia contra la mujer (18 de junio de 2026), dice que por violencia de pareja se entienden «los comportamientos de la pareja o expareja que causan daño físico, sexual o psicológico, entre ellos la agresión física, la coacción sexual, el maltrato psicológico y las conductas de control».
Un documento de la OPS y la OMS de 2013 sobre violencia contra las mujeres infligida por la pareja da ejemplos concretos de comportamientos controladores y dominantes: «aislar a una persona de sus familiares y amigos, vigilar sus movimientos y restringir su acceso a recursos financieros, empleo, educación o atención médica». Prohibirle a tu pareja sus amistades entra en esa lista. Por eso conviene no tomarlo como un simple exceso de cariño.
Si en casa ya hay gritos, amenazas o miedo, te recomiendo leer también gritos y control en casa sin llegar a golpes. Y si hoy hay riesgo para ti o para alguien más, en ayuda inmediata están las líneas de emergencia de Guatemala.
En un estudio de Ecuador, los celos aparecieron junto al control
Un estudio de Ana Maria Buller, Marjorie Pichon, Cleo Chevalier y Sarah Treves-Kagan, publicado en la revista Culture, Health & Sexuality en 2022, analizó datos de Sucumbíos y Carchi, en el norte de Ecuador. La muestra final del estudio fue de 1.216 mujeres de 15 a 69 años. Tomaron como señal de celos que la pareja la hubiera acusado de infidelidad, y como señal de control que le limitara el contacto con amigos o familia.
Que él fuera celoso se asoció con esas conductas de control y con violencia sexual por parte de la pareja. En las entrevistas y los grupos de conversación, la mayoría de las personas hablaba de los celos como parte del amor. Es un estudio de dos provincias del norte de Ecuador que muestra una asociación sin probar causa, así que sus resultados no se trasladan tal cual a Guatemala.
Aun así, ayuda a entender por qué conviene revisar la idea de que celar es una forma de querer.
Lo que puedes hacer cambia según de qué lado estés
Si eres tú quien siente los celos, nombra el miedo sin acusar. «Tengo miedo de perderte» abre una conversación muy diferente a «¿con quién hablabas?».
Si la desconfianza nació de una infidelidad que sí ocurrió, el camino pasa por reparar esa herida. Sobre eso escribí en cómo perdonar una infidelidad. Si lo que te tiene inquieto es sentir a tu pareja distante, quizá te sirva señales de que mi pareja ya no me quiere.
Si eres tú quien vive vigilado, tu seguridad va primero. Ver a tu familia y a tus amigos no debería depender del permiso de nadie, y si sientes miedo, empieza por ayuda inmediata.
Trabajo la raíz de la desconfianza, contigo o con los dos
Atiendo consultas individuales y de pareja, en mi consultorio de Ciudad de Guatemala o en línea. La videollamada es para quien la prefiera, desde Guatemala, México, Argentina o cualquier otro país. Ejerzo la psicología clínica desde 1998.
En sesión trabajo la emoción detrás del problema e involucro a tu cónyuge o a tu familia cuando hace falta, para que lo que sanamos no reincida. Si tu pareja no quiere ir, puedes empezar tú, y de eso hablo en mi pareja no quiere ir a terapia. El costo se adecúa a tu presupuesto.
El proceso no tiene un tiempo fijo. Depende del trabajo conjunto y de que pongas en práctica las herramientas dentro y fuera del consultorio. El problema también puede reincidir si una de las partes no trabaja lo que se acordó en sesión.
Si quieres empezar a hablar de lo que está pasando en tu relación, puedes agendar tu primera sesión.