Si no sabes qué hacer con tus hijos adolescentes rebeldes, empieza por separar dos cosas. Una es la pelea por más independencia, que según la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) viven muchos jóvenes entre los 14 y los 17 años. La otra son las señales que piden ayuda profesional, y esas no se dejan pasar.
Para lo primero sirven los límites claros, más libertad a medida que tu hijo asume responsabilidades y las conversaciones cuando ya bajó el enojo. Para lo segundo, al final te dejo las señales que la AAP pide tomar en serio.
Discutir más con sus padres puede ser parte de crecer
La AAP explica que muchos jóvenes de 14 a 17 años discuten más con sus padres porque luchan por tener más independencia. Antes, entre los 10 y los 13, sienten más necesidad de privacidad y es probable que prueben los límites y reaccionen con intensidad cuando sus padres los reafirman.
La AAP agrega que los lóbulos frontales, que coordinan las decisiones complejas y el control de los impulsos, son la última área del cerebro en madurar. Su desarrollo no está completo hasta los veintitantos años. Y en la adolescencia media, las emociones fuertes a menudo siguen rigiendo las decisiones cuando entran en juego los impulsos.
UNICEF Uruguay también considera esperable cierta confrontación generacional en esta etapa. Te sugiero tener eso presente antes de tomarte cada portazo como algo personal.
Las discusiones salen mejor cuando ya bajó el enojo
UNICEF Uruguay recomienda no discutir nunca un tema mientras estés enojado. Si pasa, sugiere alejarte, tomar un respiro y retomar el tema después. También pide evitar las luchas de poder y tratar de empatizar con el deseo de tu hijo de afirmarse en el mundo, en lugar de defenderte o intentar dominarlo.
Cuando haya un conflicto, esa misma guía de UNICEF Uruguay sugiere tomarte un tiempo para pensar cómo resolverlo juntos. Después puedes compartir con tu hijo esas reflexiones, para que vea cómo estás procesando las ideas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye una crianza muy severa por parte de los progenitores entre los riesgos conocidos para la salud mental de los adolescentes. Y nombra el buen ambiente en el hogar entre los determinantes importantes de su salud mental. Si en tu casa los gritos ya son costumbre, te puede servir leer sobre gritos y control en casa.
Con hijos adolescentes rebeldes, lo primero son reglas claras y libertad gradual
La AAP aconseja brindar apoyo y fijar límites claros con expectativas altas, pero razonables. Pone como ejemplos el horario de volver a casa, los compromisos escolares, el uso de los medios digitales y la conducta. Al mismo tiempo, pide darle a tu hijo gradualmente más independencia, a medida que va asumiendo responsabilidades.
Según la AAP, los jóvenes cuyos padres buscan ese equilibrio han mostrado índices más bajos de depresión y de consumo de drogas.
UNICEF Uruguay sugiere trabajar juntos para establecer rutinas y metas diarias alcanzables, y darle a tu hijo tiempo y espacio para estar solo. Para esa guía, la búsqueda de autonomía es una parte trascendente de su crecimiento. Si tu hijo se frustra, propone pensar con él algunas soluciones y tratar de no tomar el control ni decirle qué hacer.
Cuando una regla se rompa, te sugiero cumplir la consecuencia que avisaste, sin gritos. En cómo poner límites a los hijos sin culpa te cuento cómo sostenerla paso a paso. Y si tu hijo además dejó de contarte sus cosas, lee qué hacer cuando tu hijo ya no te habla.
Algunas señales conviene hablarlas con un profesional
Una guía de la AAP sobre salud mental de los adolescentes menciona, además de los cambios de ánimo, la irritabilidad, la ira y el llanto, señales como estas:
- Cambios notables en el sueño, el peso o los hábitos de alimentación.
- Pérdida de interés en las cosas que habitualmente le gustan, o abandono de actividades que disfruta.
- Mayor retraimiento del habitual con sus amigos, su familia y su comunidad.
- Señales de consumo de drogas, alcohol u otras sustancias.
- Señales de autolesiones que trata de ocultar o no puede explicar del todo.
Esa guía de la AAP advierte que en los adolescentes la depresión a veces puede parecerse más a la ira o la irritabilidad. También aclara que tener solo una señal de la lista no significa que tu hijo esté en una crisis total. Pero si ves una o más de forma constante, recomienda iniciar con él una conversación sobre su salud mental, y su pediatra puede derivarlo a especialistas que lo evalúen.
Reconocer alguna de estas señales no quiere decir que tu hijo tenga un trastorno. Esa evaluación la hace un profesional.
La AAP advierte que los pensamientos o las acciones suicidas nunca deben ignorarse. Si hoy hay riesgo para tu hijo o violencia en casa, en ayuda inmediata están las líneas de emergencia de Guatemala.
Puedo trabajar contigo, con tu hijo adolescente o con toda la familia
Llevo en la psicología clínica desde 1998, y mi tesis sobre dinámica familiar fue premiada. En educación especial formé a papás y maestros, y di charlas de prevención a jóvenes en zonas de alto riesgo antes de dedicarme de lleno a las familias.
Mi atención es individual, de pareja o familiar, en el consultorio de Ciudad de Guatemala o por videollamada, como prefieras. Voy a la emoción detrás del conflicto con tu hijo y, cuando hace falta, trabajo también con tu cónyuge o con el resto de la familia, para que lo que sanamos no reincida. Si tu hijo no quiere venir, puedes empezar tú.
No hay tiempos fijos. Cada proceso avanza según el trabajo que hagamos juntos y las herramientas que pongan en práctica en casa, y el problema puede volver si una de las partes no trabaja lo que se acordó en sesión.
Para empezar, agenda la primera sesión.